JOSEPH KRAMER, CREADOR DE LA SEXOLOGÍA CORPORAL. Revelaciones.

Actualizado: 3 abr

Parte 2: Joseph deja a los jesuitas tras recibir su primer masaje.

En esta segunda parte de la entrevista cuenta su ingreso a la adolescencia como chico gay y sin más opciones que el servicio como cura jesuita. Hasta que llegó un momento crucial que definiría su vida: recibir un masaje de su asesor académico en la universidad de teología constituyó el empujón definitivo a su devoción por los cuerpos. Joseph deja sus estudios de teología y se muda a Nueva York, donde comienza su acercamiento a la comunidad católica gay.

Sexualidad&Somáticas presenta la segunda parte de la entrevista a Joseph Kramer, quien ha capacitado a decenas de miles de estudiantes en una vida de curiosidad y servicio erótico como fundador de la Body Electric School y de la profesión Sexological Bodywork.


Transcripción del episodio del podcast El origen del masaje erótico: entrevista con Joseph Kramer, parte 1 realizada por Chris Rose de Pleasure Mechanics y traducida por Sexualidad&Somáticas. Audio y texto original en https://www.pleasuremechanics.com/the-origin-of-erotic-massage-joseph-kramer-interview-part-1/


Joseph Kramer por Rick McGiniss para el Village Voice, 1992

Link a la 1ra parte aquí

Chris Rose: No huiste tan pronto como cumpliste 18 años de los espacios de educación católicos. En cambio, profundizaste más en tu fe y te uniste a los jesuitas. Y por mucho que podamos hablar sobre la vergüenza católica del cuerpo y la vergüenza sexual, y sobre cómo llevaste la fe como una carga, también obtuviste algunos regalos de tu fe: tu amor por la enseñanza y tu conocimiento de pedagogía.

Entonces, estuviste en la comunidad jesuita durante varios años. Y luego uno de tus profesores de teología fue a Esalen y se formó en masajes y volvió al seminario y los ofreció. Él estaba recién formado y quería practicar. ¿Puedes llevarnos a ese momento como estudiante de teología al recibir tu primer masaje, y cómo lo que llamas la grieta en el huevo se abrió de golpe?

Joseph Kramer: Lo que sucedió al final de la pubertad, al final de la escuela secundaria, es que entendí que me atraían otros niños y no las niñas. Y en esos días no se mencionaba que existiera la homosexualidad en ninguna parte, excepto en las cárceles. Entonces cuando tenía 13 y 14 años me preguntaba si había alguna forma de cometer un delito para terminar en prisión, y así poder estar con hombres, excepto que yo era el chico más bueno y no quería cometer un crimen.

Lo que sucedió al final de la pubertad es que entendí que me atraían otros niños y no las niñas.

Sabía que la homosexualidad era pecaminosa, y que no había futuro para mí, excepto dentro de lo que ofrece la iglesia, que me proveería de algún estatus y la posibilidad de estar al servicio como sacerdote. Era una elección lógica. Me uní a una escuela secundaria jesuita donde había 30 maestros diferentes a los que respetaba y veneraba. Aparentemente ninguno tenía sexo, ni se masturbaba, y este era el objetivo, el ideal. Y lo estaban haciendo bien relacionándose, enseñando y sirviendo. Mis años de escuela secundaria fueron un gran momento.

Al finalizar la escuela secundaria, siento que éste es el camino que me gustaría seguir. No siento que tenga otras opciones. Debido a esta gran tema del pecado, esa era la única opción que sentía porsible. Por lo tanto me uní a los jesuitas y estuve con los jesuitas 10 años.

Ocho años después de los jesuitas, fui a estudiar teología en Berkeley. Afortunadamente, de alguna manera llegué a Berkeley para estudiar.

Chris Rose: ¿Fue una elección deliberada? ¿Sabías que había gente gay allí y fuiste?

Joseph Kramer: No. Pero hay ciertas cosas que están estampadas en mi mente, y recuerdo ver en la televisión en 1963 el movimiento de libertad de expresión que comenzó en el campus de Berkeley. Hubo disturbios, Reagan era el gobernador de California, recuerdo haber visto esto y sentirme amordazado. Yo estaba en bachillerato pero sentí dicha vitalidad. No podía hablar, no había palabras.

Y nuevamente, esto fue maravilloso porque era un lugar célibe, sin masturbación, pero con niños idealistas de 17, 18, y 19 años. Fue maravilloso vivir en esa camaradería y aparentemente la parte que era mala en mí estaba siendo aplastada o silenciada.

era un lugar célibe, sin masturbación, pero con niños idealistas de 17, 18, y 19 años. Fue maravilloso vivir en esa camaradería y aparentemente la parte que era mala en mí estaba siendo aplastada

Pasé por esta educación de la mente, del pensamiento. Los jesuitas son los pensadores y los maestros de la iglesia; y dirigen instituciones, universidades y colegios, y lo han hecho durante los últimos 400 años. En aquel entonces pensé que era un camino maravilloso y de servicio. Esta es realmente una de las grandes cosas que tomé de Jesús, estar al servicio. E incluso de mis padres, como cristianos, era importante para ellos estar al servicio. Para mi padre especialmente.

Yo estaba en Berkeley estudiando teología. Y la teología es como las matemáticas, casi no tiene contacto con la realidad, especialmente con la realidad del cuerpo. Y, sin embargo, estuve en California a principios de los años 70 y estaban sucediendo cosas increíbles, corporalmente hablando, pero no me conecté con ello durante algunos años. Salvo una vez, y esto es parte de la historia que tú empezaste.

Un sacerdote que era mi asesor académico fue a Esalen, tomó un taller de masajes de fin de semana y regresó. Había tal vez 200 jesuitas que comíamos en un comedor grande. Y recuerdo estar sentado en una mesa con otros seis jóvenes jesuitas, y este sacerdote regresó y dijo: Tuve un fin de semana maravilloso. Fui y estudié masajes en Esalen en Big Sur. Y necesito practicar. Si alguno de ustedes desea un masaje, hágamelo saber.

Miré, y hubo cierto pánico en todas las personas a mi alrededor. Había una cosa en mí que decía que sí. De inmediato dije sí, me gustaría. Y él dijo, bueno, necesitas una mesa de masajes. Recuerdo sacar la puerta de mi armario en mi habitación, atarla a mi escritorio y poner mantas sobre ella. Estaba muy nervioso porque en el masaje iba a estar desnudo y porque me iban a tocar. Pero pensé que él es un sacerdote e incluso mis padres estarían de acuerdo con esto.

Estaba muy nervioso porque en el masaje iba a estar desnudo y porque me iban a tocar. Pero pensé que él es un sacerdote e incluso mis padres estarían de acuerdo con esto.

Al fin y al cabo recibí el masaje, uno meticuloso de dos horas. No hubo distracciones y mi atención estuvo en el punto de contacto durante los 120 minutos de duración. Estaba sintiendo mi cuerpo de una manera que nunca había sentido antes. No tenía miedo de que de repente pasara algo sexual, o que me excitara, aun estando desnudo. Solo estaba sintiendo lo que pasaba.

Recorrió mi cuerpo, mi cara, mi cabeza, todo el camino hacia abajo aunque sin tocar mis genitales ni mi zona anal. Estaba en todas partes. Y recuerdo vívidamente las membranas en mis pies. Sabía que tenía membranas entre los dedos de los pies y las manos, pero no sabía que era tan delicioso sentirlas. Estaba tan despierto. Me dio el masaje, dijo gracias y se fue. Me di cuenta de que esas fueron las dos horas de educación más importantes que había tenido en toda mi vida. Me habían presentado a mi cuerpo.

Me di cuenta de que el masaje fueron las dos horas de educación más importantes que había tenido en toda mi vida. Me habían presentado a mi cuerpo.

También tuve otra práctica corporal, además de la masturbación, que fue correr. Eso fue a los 14 años, estaba en el automóvil con mi familia a un par de millas de mi casa, estábamos volviendo y discutí con mi padre. Frenamos en un semáforo, abrí la puerta, salí y luego él se fue. Estaba a dos millas de casa preguntándome ¿cómo voy a llegar de regreso? Y recordé que había leído sobre un senador de Wisconsin, Proxmire, creo, alguien que trotaba. Era muy interesante porque nadie trotaba en aquellos días. Pensé intentar hacer jogging. Yo tenía 14 o 13 años.

Comencé a correr y corrí dos millas a casa. Cuando llegué a mi casa estaba extasiado. Entonces, los días siguientes, salía y corría alrededor de las manzanas. Cuando ingresé en primer año de secundaria, me uní al equipo de cross-country. Yo era malísimo, porque no corría rápido, pero sí corría largas distancias debido al éxtasis que me provocaba. Entonces, incluí correr como una práctica. Así descubrí que la masturbación y correr eran mis dos prácticas.

Ahora, cuando aconteció este masaje, hubo un tercer punto de ingreso al cuerpo, una tercera práctica corporal. Por cierto, cuando recibí ese masaje, había estado corriendo durante años todos los días, así que corría entre 5 y 10 millas por día para sentirme a mismo. Era para sentirme vivo sin prestar atención a nada. Era estar con mi cuerpo, como la masturbación lo era, o como lo era el masaje.

De todos modos, después del masaje quise más. Yo era jesuita y no tenía dinero. Me dije que no sé cómo puedo obtener dinero para recibir masajes, pero pensé que los necesitaba. No reconocí que ese era el comienzo, pero aun así, ese fue el principio de reconocer que los jesuitas no eran un lugar para mí.

Chris Rose: ¿Cambió la forma en que te masturbabas después de ese masaje?

Joseph Kramer: Hubo momentos en mis años de jesuita cuando me masturbé, pero todavía no era una práctica. Aún era un pecado, y yo lo creía así. De hecho, recuerdo la primera vez que me masturbé siendo jesuita. Habían pasado tres años con los jesuitas y yo estaba en Denver. Salí con este amigo mío, que ahora es sacerdote, es seminarista. Él dice, ¿quieres fumar hierba? Fumamos hierba y me dije, no siento nada. Luego volví a mi habitación, me acosté y de repente me estaba tocando y no podía parar. Fue muy asombroso.

La primera vez que fumé hierba fue también la primera vez que me masturbé en el seminario. La hierba era un acceso a la vitalidad, a los sentimientos, al don de estar habitando mi cuerpo. Y teológicamente, estaba sintiéndome encarnado. La idea de que Dios se hace humano. Y digo sí, esta es una celebración de mi carne.

teológicamente, estaba sintiéndome encarnado, como la idea de que Dios se hace humano. Y digo sí, masturbarme es una celebración de mi carne.

Lo supe mucho después de este masaje de mi asesor académico. Él me dio la información y la experiencia que me sacó eventualmente de lo académico. Dejé los jesuitas al cabo de un año.

Chris Rose: Y te mudaste a la ciudad de Nueva York.

Joseph Kramer: No sabía qué quería hacer, pero sabía que no quería volver a St. Louis, el entorno en el que crecí, así que me mudé a la ciudad de Nueva York. También sabía que era gay.

Es una larga historia, pero la versión corta es que, después de dicho despertar, estaba mucho más abierto. Y les dije a los jesuitas en Berkeley que era gay. El director de la escuela dijo que nunca nadie había acudido a él expresando eso ¡Como un tercio o la mitad de estas personas son homosexuales! ¿Nadie te ha dicho eso?

Entonces, los jesuitas me enviaron a Toronto, y en Toronto mi asesor académico dijo, sabes qué, no te van a ordenar como sacerdote. Piensan que eres un lastre expresando que eres gay. Ellos no lo quieren. Y él me sugiere que me tome un permiso de ausencia. Fue algo maravilloso, él era un hombre maravilloso. Eso me llevó a la ciudad de Nueva York.

mi asesor académico dijo, sabes qué, no te van a ordenar como sacerdote. Piensan que eres un lastre expresando que eres gay.

Sabía que era gay, así que pensé, voy a conocer gente gay. Empecé yendo a Misas Católicas Gay con Dignidad. Y fue un grupo maravilloso y vibrante de hombres y mujeres, muchos de los cuales tenían historias como la mía. Todavía iban a misa a los 20, 30 y 40 años porque esto era importante para elles, pero también eran homosexuales y sexuales. Entonces, ese fue mi primer par de años en la ciudad.

En Nueva York, conocí a un amante muy rápidamente y me mudé con él. Tuve otros amores. Nunca fui monógamo. Lo que reconocí como otra salida para mí fue el sexo. Fue increíble. Cada vez que tuve sexo, fue una experiencia extraordinaria. Sé que mucho sexo y mucha masturbación pueden ser insignificantes, y es por eso que seguí esta dirección de enseñanza y toda mi vida, para desarrollar este potencial asombroso en esta actividad que llamamos sexo contigo mismo o con otros. Estuve en Nueva York, es 1975 y esta es la cultura gay anterior al SIDA en la ciudad de Nueva York. Eso fue importante.


Próxima entrega. Parte 3: blowjobs, psicodelia y masajes.

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